miércoles, 14 de mayo de 2014

2014 Madrid Maratón - El Espíritu de Cubas de la Sagra

Voy a empezar por el final. Lo mejor de la Maratón: "terminarla". 
16 semanas de buscar huecos con frío, lluvia y en algunos casos, soledad, para que luego en 3h48, se acabe todo y ojo que no estoy pidiendo tardar más en hacerla...
Otro año, tras mis problemas con los talones y volver a hacerla casi en solitario, no tengo claro como hubiera terminado. 
Este año parecíamos el grupo SEAL de la NAVY, todos frente al Starbuck de Neptuno: Kiwi, Juanra, Antonio, Isaac, Ennio, Felix, Pedro, Cenamor, JLuis y alguno más.

Arrancar con "El Espíritu Batres" en el que los 12 fuimos a entrenar 32km, compartiendo camino, barritas, geles, pisses, chistes y bromas, fue lo mejor de mejor. Que gran sabor de boca nos dejó a todos, incluido el desayuno doble que me tomé después.

Isaac, todo un crack en los previos a las pruebas de tensión. El camino desde la meta tras dejar la bolsa, es un placer, narrando sus desventuras el día de Batres y sus problemas estomacales. su famosa frase de "sabes cuanto tomas una decisión, y es la peor y cambias, y la cagas más...". Menudo poeta.

 Gracias a los muchos amigos con los que compartimos fotos antes y después. Compartir lo vivido y sufrido te da fuerzas a pensar si el año próximo volveras (me repetí 327 veces que era la última maratón).

Algunos comentarios de mis amigos:

Jose Gamero: km. 39. A esa altura ya deliraba y hablaba conmigo mismo. Mantenía una sonrisa bastante preocupante.

Javi Arangoa:  Con calambres a partir del 28 como para iluminar medio Madrid, tenía que ir parando a estirar los gemelos. Supongo que fue el calor, y la falta de rodaje, con el menisco he aflojado algo.  Vi la marca, no es buena para ti, pero es una mejora, el año pasado debió ser muy duro.

Alberto López & Javier Gallego:  justo lo que dices ... es muuuuuuuuuuuy dura ...  Lo que si ganamos es la pedazo de animación que hay en Castellana, sobretodo Atocha/Neptuno/Cibeles. Mucho mejor que en la casa de campo, pero la subida es mortal de necesidad …
Siempre andamos quejándonos! Si no son las cuestas es el viento, si no el calor, otra veces el desayuno y otras tantas q no hemos dormido bien!!! Y luego q la carrera mide más, claro, a la organización le interesa q mida mas para q no se vaya el récord! nuestro GPS funciona siempre muy bien!!

Manuel Griñán:  La cosa es bien sencilla. Al inicio de Virgen del Puerto (pasado ya el km 30) estás a 580 metros de altitud. A la entrada del Retiro, en el cruce entre Menéndez Pelayo, O’Donnell y Príncipe de Vergara (km 41) estás a 700. Hay una subida de 120 metros en los últimos 10 km de la carrera. Yo, que solo hice 18 km de acompañante, acumulé un desnivel positivo de 254 metros. Es cierto que hice el tramo de subida pero en los 42 km de carrera no me extrañaría que se acumulara una subida de más de 500 metros concentrada especialmente en el tramo final.
Conclusión: el maratón de Madrid es muuuuy duro.
Enrique Rodríguez: Te estoy escribiendo con la mirada....no puedo mover ni los dedos.... Lo malo de esto es que se te pasa en unos días y no sé como narices....nos ponemos a pensar en la siguiente....

Kiwi: Asustado ya que por 1ª vez en 4 maratones ni una sola molestia, ni agujetas, cansancio, ni nada de nada
Isaac: Me siento como un súper héroe al que le han quitado su energía; cansado, sin ganas y falta de concentración en el curro.
Toño: Un verdadero placer compartir este día con vosotros. Aunque no pueda ni bajar un escalón, ¡no lo cambio por nada¡ ¡Qué subidón¡
Felix: Camino como Chiquito de la Calzada,  jarrrr
Isaac: Piernas súper cansadas y sale fuego de ellas. Este trazado me parece más duro.
Juanra: Ha sido un placer compartir esta carrera con vosotros, me lo pasé genial. Entrar en meta con mi hija “un flipe”
Felix Muñoz: Ya termina el sábado, día previo a el maratón, y parece que todo se ha desarrollado de la manera prevista. Día de tranquilidad, sin agobios, sin estrés. Un poco de trabajo por la mañana, comida temprano, nada de atracones. Mucha hidratación, paseo por la tarde, una cervecita sin alcohol en una terraza y llega la hora de la cena. Por supuesto, según lo planificado y previamente probado, la cena del chino para recargar baterías al límite: arroz y tallarines con gambas.
Mala suerte. No se si por la hora, diez de la noche, o por los nervios, insoportables en ese momento, el chino me cae como una bomba en el estómago. Llega la hora de acostarse y aquello sigue dando vueltas como una lavadora en programa de centrifugado, por lo que decido tomarme un antiácido, a ver si solucionamos el entuerto.
La noche es memorable: vueltas en la cama, despertares cada 40 minutos, sueños absurdos... Ansiedad.
Suena por fin el despertador, a las 6:10 de la mañana, y salto como un resorte. Verdaderamente estaba deseando que llegase este momento. El desayuno, el baño, la vaselina, los calcetines, elegir la indumentaria... ¿Frío o calor? ¿Viento? ¿Nublado?. Vale, me llevo de todo, así elijo in situ, mucho mas seguro.
Me voy caminando al punto de encuentro con los Maratonianos y, según nos vamos reuniendo, veo que la experiencia nocturna ha sido común, todos tenemos una historia similar que contar. Ansiedad. A pesar de eso, no tenemos sensación de cansancio ni de esas malas noches que te quitan las ganas de ir a trabajar, todo lo contrario, solo queremos que llegue la hora y romper a trotar.
La espera se mata con risas, opiniones, comentarios sobre esto y aquello, sobre aquella chica, sobre como se presenta la mañana, sobre el punto de encuentro a la vuelta. También con un café estimulante en Neptuno, antes de dirigirnos, por fin, a la línea de salida. Últimos momentos, contagiados por el gentío y, por fin, juntos todos los que vamos a iniciar esta nueva aventura, para unos la primera, para otros una más de casi una decena y, para mí, la segunda después de una primera experiencia agotadora y un poco frustrante. Para todos una incógnita porque, en la distancia de Filípides, sabemos cuando se empieza, pero no como ni cuando se va a acabar.
La preparación ha sido larga, pero suave y nada agotadora. Respetando siempre al cuerpo, escuchándole. Poniendo metas, sí, pero todas alcanzables. Algún día malo, muchos días magníficos. Siempre acompañado por el rumor del grupo, incluso los días que he salido solo, por unas u otras razones. Ahora ha llegado el momento de afrontar el reto.
Hay alegría y buenas caras, buenas sensaciones en general. Cada uno se va deshaciendo del estrés como puede. Yo no he parado de hablar desde las 7 de la mañana que me encontré con Pedro y lo sigo haciendo en los primeros compases de la carrera.
Agus, Ennio, Juanra, Cenamor, Isaac, Toñín, Pedro, Arenas, Consuegra, Juanlu y yo.     11.
Una escuadra. Un equipo. Un buen grupo. 

Antonio grita en los primeros compases: "Señores, ¡el espíritu de Batres!". Tres semanas antes, el día del ensayo general para todos y de la prueba de fuego para algunos, se formó este espíritu, de la templanza y de la constancia en el esfuerzo. De que nunca se quede un compañero solo.
Los primeros 6 km se pasan solos, volando. Antes de darnos cuenta ya estamos dando la vuelta a las Cuatro Torres, camino de la Plaza de Castilla y la gran bajada. Se empiezan a definir dos grandes grupos, acorde a las condiciones de cada cual, donde cada cual busca su acople y cobijo. allá adelante se van marcando el ritmo Agus y Ennio, seguidos pronto por Cenamor, que va pletórico, por Juanra y Toñín, que no dice nada pero se le ve sobrado de energía. Por otra parte, como siempre.
Isaac y Consuegra se escapan con ellos y atrás nos quedamos Pedro, Antonio y yo, prudentes en principio. Medidas todas las fuerzas, alguien comenta: "No hay caza, que se marchen, el que tenga que volver ya frenará".
Y así fue, aunque unos cuantos Km después.
 Anduvimos el trío al menos hasta el Km 12, animándonos entre nosotros, controlando nuestras fuerzas, disfrutando del trazado en esos momentos. Vaciados de vejiga en Raimundo Fernández Villaverde, puente y cuesta a República Argentina, disfrutando del paisaje y el paisanaje: esas chicas imponentes que se han incorporado al running de manera masiva y arrolladora, que nos amenizan el trayecto al menos visualmente.
Ya en el 12, donde se separan maratón y media, llegan refrenando sus ímpetus Antonio consuegra e Isaac, probablemente convencido de que la marcha de los cracks era imposible de seguir, regresan al redil de los runners de peseta.  Al poco de cruzar de nuevo la Castellana por el puente de Eduardo Dato se nos une de nuevo Juanlu, que ha ido a comprar tabaco. Y el grupo está gestado. Hay buenas sensaciones. Gritos de ánimo para mantener alta la moral y despejar el mínimo resquicio de nerviosismo que quedase. Breves conversaciones con la gente que nos supera. Comentarios machistas, por supuesto, al respecto de las espléndidas gacelas que nos pasan o pasamos. La continuas alusiones sexuales del irrepetible Isaac, que confraterniza hasta con la señora de los lavabos, en algunos casos conectando con el buen sentido del humor de alguna patinadora de la organización y, en otros, ignorado por las mismas, pero siempre manteniendo la moral alta.
El sol empieza a dejarse notar cuando pasamos por la Gran Vía, es un día magnífico para correr un maratón. No dejamos de beber en cada punto y, cada cual, ya tenemos planificado cuando empezar a reponer fuerzas, que no nos pille el toro.
La incorporación de Juanlu nos ha venido bien: le vacilamos sobre lo fresco que va para llevar ya 21 kilómetros. Antonio Arenas baja bien por el paseo de Camoens, pero en la Avenida de Valladolid empieza a pedir cuartelillo. Isaac se mantiene, Antonio Consuegra se acelera y hay que frenarle de vez en cuando, recordándole el ritmo medio que llevamos y cuales son nuestros objetivos (el primero, acabar, si es posible en buen estado). Pedro observa y pregunta, sobre todo por el recorrido, ya que es "su primera", y mantiene la mirada del que se sabe con fuerzas pero desconoce que es lo que hay al otro lado del kilómetro 37.
Aún no he dicho nada de mi. Tengo mucho respeto por el maratón, sobre todo por la experiencia anterior. En este momento, Km 25, me encuentro en plenitud. Voy cumpliendo cada uno de los pasos que he planificado y las sensaciones son inmejorables. solo me puedo quejar del maldito 2º dedo del pie izquierdo, que lo tengo engatillado desde el Km 20 y no se acaba de soltar, por lo demás, ni escoceduras, ni calambres, ni dolores musculares ni ampollas en los pies. Me tomé mi gel en el 20-21, bebí con moderación, pero sin olvidarme de hacerlo y por cada punto de la ciudad que paso, comparo con la anterior y las sensaciones no pueden ser mejores.
Al cruzar Madrid Rio por primera vez Pedro me pregunta por el recorrido, le cuento como son los próximos dos Km, pero creo que, en lugar de producirle precaución, lo que hace mi información es espolearle, ya que mientras yo espero a que reposten los Antonios, Isaac y Juanlu, aflojando el paso, el se va definitivamente y ya no le vuelvo a ver en toda la carrera.
En la cuesta de atrás del Lago se reincorporan Isaac, Juanlu y Antonio Consuegra. Arenas se va regulando a su ritmo y ya le perdemos. A partir de este momento, la carrera dicta su ley y las piernas y la cabeza de cada uno tienen la respuesta. Nos animamos, nos damos consejos los unos a los otros, que ya nos sabemos de memoria, pero viene bien escucharlos. Uno adelanta, otro le frena. otra vez lo mismo, pero al revés. Paseo de Extremadura, hemos superado la rampa terrible con soltura y dignidad, bajamos al rio, al Puente de San Isidro y maldecimos otra vez por los continuos repechos y subeybajas del trazado. Madrid imposible. Ya metimos el segundo gel, en el 28, y las sensaciones siguen siendo muy buenas.
Viene el muro. Terrible. Empieza el Km 33 ascendiendo, sin dejarlo ya hasta el 40 largo. Llegó la hora de la verdad, cuando dejan de correr las piernas y solo corre la mente. Pongo ritmo, pero mis compis flaquean en los repecho. Juanlu ya nos ha dejado, no me he dado cuenta cuando, creo que en el Puente de San Isidro. Paciencia, Félix, espera. Queda mucho. Un alarde en solitario ahora sería mortal. animo a Antonio: después de cada rampa siempre hay un descansillo, Calle Segovia, bajadita. Paseo imperial, llaneo por Vallejo Nájera. Giramos en Pirámides, ahí ya estaba muerto en la anterior, acalambrado y con los depósitos vacíos. Hoy estoy entero, cansado lo justo, pero entero, y me queda un gel para el Km 36. Isaac dice que no puede beber mas, que no le entra. Yo conozco de primera mano esa sensación, no es una buena señal. Hay que sufrir. En todo el paseo de las Acacias Antonio me hace la goma, se acerca y me saluda en un gesto que me reconforta y a el le da nuevos ánimos. Atocha. Tercer gel. Ya casi no me vuelvo a mirar, solo pienso en correr hasta el final, sin tregua, sin bajar el ritmo. Bebo sin ganas, pero sé que tengo que beber. Ya no veo a Isaac. Antonio me acompaña, sigue ahí, se acerca: "¡vámos, Félix!", corremos un rato a la par y se deja caer. al rato repite el gesto.
¡Que diferente encuentro ahora la Glorieta de Neptuno! Cibeles. Pienso en Lola, ha venido a esperarme a la meta y me motiva muchísimo. No quiero que me vea sufrir. No quiero que sufra por mi. ¡Ritmo, ritmo, ritmo! Cabeza fría, cuento cada punto kilométrico, cada esquina de la ciudad, cada cuesta y repecho. Cada estatua, cada edificio. Desde Cibeles ya no veo a Antonio. No puedo mirar atrás, no puedo parar. Me duele el dedo, me duelen los cuádriceps. Pienso en Lola, en la meta. Colón y giro. ¡Qué decepción!, no recordaba que hay que subir por Velázquez otro kilómetro, hasta la Plaza del Marqués. Sufrir, sufrir, sufrir. Llegó el 40, ya lo tengo. Cómo duelen los cuádriceps cuesta abajo, pero la maratón esta a punto de pagarme lo que me debía.
El griterío en los aledaños del parque es ensordecedor y dentro, indescriptible. De repente oigo los gritos de Mary luz, compañera de trabajo, que se ha dejado caer por la meta, ¡Félix, Félix, Félix! La saludo, voy suelto, zancada larga, solo siento felicidad. Llego alzando los brazos y soy consciente de haber realizado un sueño y haber vivido una experiencia maravillosa.
Sin todos y cada uno de los detalles de esta carrera, desde las salidas de los domingos hasta el jaleo que nos echamos en Islas Filipinas, no hubiera sido posible realizarlo. No sin este grupo de gente.
Me siento exultante, de energía y de satisfacción.
Gracias maratón, gracias Madrid y gracias Maratonianos.

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